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UNA CASA PARA COMPARTIR Y DISFRUTAR CON AMIGOS

casas para compartir

UNA CASA PARA COMPARTIR Y DISFRUTAR CON AMIGOS

Cómo diseñar una casa para compartir y disfrutar con amigos

Cuando nuestra casa es también el lugar donde nos reunimos con familia y amigos, el diseño de los espacios puede marcar una gran diferencia. Distribución, cocina, almacenaje, iluminación y conexión con el exterior son algunas de las claves para conseguir un hogar cómodo, acogedor y preparado para compartir.

Hay viviendas que están pensadas para el día a día.

Y hay viviendas que, además, están pensadas para disfrutar de ese día a día en compañía.

Casas donde cocinar mientras los demás charlan, donde una comida puede convertirse en una sobremesa de varias horas, donde siempre hay sitio para uno más alrededor de la mesa y donde la terraza se convierte en el escenario perfecto para terminar la tarde.

Cuando diseñamos un hogar para personas a las que les gusta recibir, las necesidades cambian.

No se trata simplemente de conseguir más espacio. Se trata de conseguir que el espacio funcione bien cuando la casa está llena.

Y ahí es donde el interiorismo puede marcar la diferencia.

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¿Qué necesita una casa pensada para compartir?

Cada familia tiene sus propias necesidades, pero hay algunos aspectos que aparecen con frecuencia en este tipo de proyectos.

La distribución, la cocina, el almacenamiento, las zonas de estar y la conexión con el exterior adquieren especial importancia.

El objetivo es conseguir espacios que sean cómodos cuando estamos solos, pero que también puedan adaptarse fácilmente cuando llegan invitados.

1. Una distribución que favorezca la conexión

Cuando recibimos gente en casa, no siempre queremos que cada actividad suceda en una habitación diferente.

Mientras alguien cocina, otros pueden estar tomando algo, poniendo la mesa, hablando en el sofá o ayudando con los preparativos.

Por eso, las distribuciones abiertas pueden ser una solución especialmente interesante para quienes disfrutan de compartir.

Una cocina conectada con el comedor y el salón permite que las diferentes actividades sucedan al mismo tiempo y dentro de un mismo ambiente.

Además, eliminar determinados tabiques o recorridos innecesarios puede conseguir algo muy importante: que una vivienda parezca más amplia sin necesidad de aumentar sus metros cuadrados.

Eso sí, abrir no significa necesariamente eliminar todas las separaciones.

En función de las necesidades de cada hogar, podemos mantener determinados espacios independientes mediante puertas correderas, paneladas o enrasadas, cerramientos de vidrio u otras soluciones que permitan abrir o cerrar cuando sea necesario.

La clave está en encontrar el equilibrio entre conexión y privacidad.

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2. Una cocina que invite a quedarse

La cocina se ha convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de las viviendas actuales.

Y cuando nos gusta recibir, todavía más.

Una cocina pensada para compartir debe permitir algo más que cocinar cómodamente. Debe facilitar la conversación, los encuentros espontáneos y la posibilidad de que varias personas puedan utilizar el espacio al mismo tiempo.

Por eso, las islas y penínsulas pueden ser grandes aliadas.

Una isla puede incorporar zona de cocinado, almacenamiento y una barra para comer, pero también convertirse en:

  • Punto de encuentro.
  • Lugar para desayunar.
  • Zona de apoyo durante una comida.
  • Espacio para trabajar o estudiar.
  • Lugar donde tomar algo mientras se cocina.

Cuantos más usos puede asumir un elemento, más partido podemos sacar al espacio.

En una vivienda reciente que hemos proyectado, por ejemplo, una gran isla se planteó precisamente desde esta perspectiva: como un elemento central capaz de acompañar diferentes momentos del día.

Podéis conocer todos los detalles de este proyecto en nuestra galería de proyectos, donde mostramos la transformación completa de la vivienda.

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3. Almacenamiento: cuanto más orden, más espacio para disfrutar

Cuando somos muchos en casa, también aumentan las cosas que necesitamos guardar.

Vajilla, cristalería, menaje, pequeños electrodomésticos, textiles, abrigos, zapatos…

Por eso, el almacenamiento adquiere todavía más importancia en viviendas donde es habitual recibir invitados.

Una casa puede tener muchos metros cuadrados y, sin embargo, resultar incómoda si no dispone de suficiente espacio para guardar.

El secreto está en integrar el almacenamiento dentro del diseño.

Armarios de suelo a techo, muebles a medida, vitrinas, columnas de cocina, bancos con capacidad interior o armarios en zonas de paso permiten aprovechar espacios que, de otro modo, quedarían infrautilizados.

Y no debemos olvidar el recibidor.

Cuando llegan varios invitados, disponer de un lugar donde guardar abrigos y objetos personales ayuda a mantener la entrada despejada y evita que la sensación de orden desaparezca en pocos minutos.

4. Un salón preparado para conversar

Cuando pensamos en un salón para recibir, tendemos a pensar en el número de asientos.

Pero hay algo todavía más importante: cómo se relacionan entre sí.

Un sofá enorme no siempre es la mejor solución.

A veces resulta más cómodo combinar sofá, butacas, pufs o piezas auxiliares que permitan crear diferentes posiciones y favorecer la conversación.

También es interesante evitar que todo el mobiliario esté orientado exclusivamente hacia la televisión.

Cuando el salón tiene una función más social, merece la pena diseñarlo pensando en las personas y en cómo van a utilizarlo.

Porque una buena reunión no necesita que todos estén mirando hacia el mismo punto.

Necesita que sea fácil verse, hablar y estar juntos.

 

5. La terraza como una extensión de la vivienda

Si tenemos terraza, balcón o cualquier espacio exterior, ¿por qué utilizarlo únicamente durante unos pocos meses al año?

Una de las grandes oportunidades en una reforma es conseguir que el exterior tenga una relación más directa con el interior.

Grandes ventanales, puertas de acceso cómodas, continuidad de materiales, iluminación adecuada y mobiliario confortable pueden hacer que la terraza se perciba como una habitación más de la casa.

Y cuando además existe la posibilidad de cerrarla o protegerla adecuadamente, su utilización puede ampliarse durante buena parte del año.

Una terraza bien diseñada puede convertirse en comedor exterior, zona de estar, rincón de lectura o simplemente en ese lugar donde todos terminan después de una comida.

Porque muchas veces los mejores momentos no suceden donde los habíamos previsto.

6. Diseñar pensando en diferentes tamaños de reunión

Una casa para compartir no debería funcionar únicamente cuando tenemos diez invitados.

También tiene que ser cómoda para dos personas.

Por eso, la flexibilidad es fundamental.

Una mesa extensible, sillas adicionales que puedan guardarse fácilmente, muebles móviles o zonas que puedan cambiar de función permiten adaptar el espacio a diferentes situaciones.

La vivienda debe poder pasar de una tarde tranquila en familia a una cena con amigos sin que tengamos que reorganizarla por completo.

Diseñar para compartir también significa diseñar para adaptarse.

7. Iluminación: crear ambiente también es diseñar

La iluminación tiene una enorme influencia en cómo vivimos un espacio.

En una vivienda social, no necesitamos necesariamente la misma luz para cocinar que para cenar o conversar después.

Una iluminación general bien resuelta puede combinarse con iluminación puntual y decorativa para crear diferentes ambientes.

Sobre una isla, por ejemplo, unas lámparas suspendidas pueden aportar luz de trabajo y, al mismo tiempo, convertirse en un elemento decorativo.

En el salón, una iluminación más indirecta puede ayudar a crear un ambiente cálido cuando llega la noche.

Y en la terraza, una iluminación cuidadosamente planteada puede hacer que el exterior siga siendo atractivo cuando desaparece la luz natural.

8. Materiales resistentes para una casa que se vive

Cuando una vivienda está pensada para recibir, también debemos tener en cuenta que tendrá más movimiento.

Más personas, más comidas, más uso de las superficies y, probablemente, más momentos improvisados.

Por eso, elegir materiales resistentes y fáciles de mantener es tan importante como escogerlos por su estética.

La mejor elección no es necesariamente el material más delicado o espectacular, sino aquel que encaja con nuestra forma de vivir y nos permite disfrutar de la casa sin estar constantemente preocupados por cuidarla.

La funcionalidad también puede ser bonita.

 

Una casa para compartir no tiene que ser enorme

Quizá esta sea una de las ideas más importantes.

No necesitamos una vivienda gigantesca para disfrutar de reuniones en casa.

Necesitamos una buena distribución.

Una cocina bien planteada.

Almacenamiento suficiente.

Mobiliario bien dimensionado.

Espacios que puedan asumir diferentes funciones.

Y una relación fluida entre las diferentes zonas.

En ocasiones, una reforma consigue algo que parecía imposible: que la vivienda se sienta mucho más grande sin haber ganado ni un solo metro cuadrado.

Porque la amplitud no depende únicamente de cuánto mide una habitación.

También depende de cómo se conecta con las demás.

El verdadero objetivo: disfrutar de la casa

Cuando proyectamos un hogar, podemos hablar de materiales, distribución, iluminación, mobiliario o metros cuadrados.

Pero detrás de todas esas decisiones hay algo mucho más importante:

¿Cómo queremos vivir?

Si nos gusta recibir, cocinar con amigos, organizar comidas familiares o alargar las sobremesas, la vivienda debería acompañar ese estilo de vida.

Y eso significa diseñar espacios que no solo sean bonitos en una fotografía, sino que resulten cómodos cuando realmente los estamos utilizando.

Una casa donde la persona que cocina no se queda aislada.

Donde siempre hay un lugar para sentarse.

Donde los abrigos pueden desaparecer de la vista.

Donde la terraza invita a quedarse un rato más.

Donde la mesa puede crecer cuando llegan invitados.

Y donde una cena que iba a durar una hora acaba convirtiéndose, sin darnos cuenta, en una noche entera.

Diseñar para compartir es diseñar para vivir más

Al final, el interiorismo no consiste únicamente en transformar espacios.

Consiste en entender cómo queremos utilizarlos y convertir esa forma de vivir en una vivienda que nos lo ponga fácil.

Por eso, cuando empezamos un proyecto, no solo preguntamos qué estilo os gusta.

También queremos saber cómo vivís, qué necesitáis, qué os gusta hacer en casa y qué momentos queréis disfrutar más.

Porque una vivienda bien diseñada no debería limitarse a acoger nuestra vida.

Debería ayudarnos a disfrutarla.

 


¿Queréis una casa más cómoda para compartir?

Si sentís que vuestra vivienda no se adapta a vuestra forma de vivir, quizá no necesitéis más metros, sino una nueva manera de organizarlos.

En nuestro estudio diseñamos proyectos de interiorismo y reformas personalizados, adaptados a las necesidades reales de cada familia.

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